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FRANCISCO CHAN (Colaborador habitual de publicaciones cinegéticas)
04/06/2010
Ángeles caídos y demonios laureados
En esta sociedad de lo inmediato, de la noticia a golpe de titular amarillista y de caducidad láctea, se provoca las más de las veces una anestesia social que nos hace relativizar todo, lo superfluo por descontado. Pero también se hace con el cogollo del pensamiento y de la razón, es decir… con lo importante. Alrededor de esta decadencia moral donde se confunden los derechos humanos, con los derecho del hombre y del ciudadano, ¡que no es lo mismo!, viven esa trama de asalariados de la prédica del fin del mundo. Ya he reflexionado sobre ello en alguna ocasión. Retomo pues el hilo, a partir de las sabias palabras que el naturalista y divulgador canario Antonio Cardona pronunció en una de las conferencias de esta pasada edición de Periodipesca en Rodeiro, Pontevedra. Este luchador por lo natural ha hecho despertar en mí la necesidad de retomar su mensaje y hacerlo patrimonio de quienes pretendan ejercer el sentido común. Dijo él… «¿Qué ha sido del agujero de ozono? Ya nadie habla de él. Pasa que se arregló solito. Cuántos y cuanto han ganado muchos predicadores del fin del mundo con ello». Y digo yo… ¿Qué ha pasado con el despilfarro de la gripe A? ¿Qué pasa con las emisiones de CO2 y de azufre del impronunciable volcán irlandés?… Con la inyección de fondos públicos a los bancos se podría haber acabado con el hambre en el mundo. Pero no, eso no parece importar. Existen en esta sociedad ciertos demonios laureados, libadores de la subvención de turno, que priorizarán la salvación del sapo gorgorito, antes que la muerte de millones de seres humanos hundidos en la pobreza. Si estos grupitos protestasen contra la construcción de una presa en la Amazonía, lo harían por preservar el hábitat de cualquier bichejo, olvidándose del genocidio humano y cultural que significaría la desaparición de diversas etnias y tribus, compuestas por seres humanos condenadas por la inundación. Estos Ángeles de la Amazonia, caídos en el olvido de la opulencia occidental, no parecen importarles a estas sectas de Algorianos del Fin de los Últimos Días. Para ellos es más importante el patético cruce de responsabilidades por la muerte de un cachorro durante un desfile de moda canina, que hacer frente a la opresión y al ataque que contra la salud y la dignidad de la mujer, se perpetra cada vez que desfilan en esas mismas pasarelas unas pobres chicas desnutridas, para mayor gloria de la dictadura de la moda. Cardona compartió atril con Lola Merino, la presidenta de AMFAR, la Federación de Mujeres y Familias de Ámbito Rural. Lola Merino me hizo ver y reflexionar con su alocución, además de con la agradable tertulia de los días siguientes. Me hizo entender que la mujer tiene la llave del futuro, dentro del contexto de la defensa de una naturaleza viva, de la caza y de las vitales tradiciones rurales Las hijas de la Madre Tierra tienen sobre sus hombros las mismas cargas que siempre han soportado. Es en el ámbito rural, donde esa carga se acrecienta, es allí donde ellas son el centro de la actividad social, económica y ecológica. Son ellas, las mujeres del rural las que tienen la llave de futuro de la sostenibilidad. Sobre ellas recaen las responsabilidades de la casa, los hijos, los ganados, las plantaciones e incluso la gestión administrativa, pues el hombre suele buscarse en muchos casos los garbanzos en otras profesiones, porque el campo ya no es rentable, ni suficiente para mantener a una familia. Es ahí donde sería de esperar que las políticas de igualdad se materializasen, pero todo se queda en discursitos de bajo nivel oratorio, nulo compromiso y mucha posturita de perfil para lucir el pañuelo palestino. Es en el fomento de las políticas de apoyo a la mujer del rural en donde podremos encontrar la solución a los problemas de despoblación del campo. Éste sigue siendo lo que es, gracias a esas valientes resistentes de una economía de subsistencia, donde no solamente consiguen hacer perdurar una cultura enraizada en la memoria de los tiempos, sino que además están garantizando un futuro de equilibrio ecológico. Son ellas la principal barrera real contra la ruina de despoblación humana del campo y su desertización física. Veo en estas mujeres del rural la valentía, la resistencia y la determinación de un mundo cierto y cercano a la naturaleza, que espera su final con la gallardía del sitiado dispuesto a vender su vida, ya falto de cartuchos, a bayoneta calada si fuese preciso. Me pregunto si existirá diferencia entre aquellas tribus amazónicas amenazadas por la inundación de una presa en la selva y el abandono que de nuestro rural están haciendo nuestras clases dirigentes. Pienso que no, ambos sólo son dos ejemplos claros de ángeles caídos que han dejado de ser interesantes para el poder; al cual sólo le interesa la concentración de votos de las grandes urbes apapanatadas de sí mismas.



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