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30/10/2018
Esperanza Rodríguez Carrera, elegida recientemente presidenta de AMFAR Cádiz

Esperanza es agricultora. Una gaditana dedicada al cultivo del algodón y del cereal. Está casada y es madre de una niña de dos años.

Esperanza, tú te formaste en Ciencias Económicas, ¿Qué te hizo fijar tu vida laboral en la agricultura?

Estudié Ciencias Económicas en Cádiz y comencé a trabajar muy pronto, a los 23 años, en el sector servicios para una empresa nacional que colaboraba con el Ayuntamiento de la capital gaditana, por lo que ubiqué mi residencia allí.

Con los años fui pensando en formar una familia, pero mi trabajo, en el que estaba muy contenta, no me permitía conciliar mi vida profesional y familiar. Aquello hizo que mi pareja y yo nos replanteáramos nuestro futuro. Mi padre era agricultor de cereal y algodón, fundamentalmente. Le llegaba la edad de jubilación y él quería disfrutarla, por lo que me propuso continuar con el negocio familiar, lo que me permitía tener hijos y que mi marido se dedicaría al trabajo pesado de la casa, y así lo hicimos.

Y te lanzaste…

Sí. En el año 2014 cambiamos nuestra residencia a Bornos, un pequeño pueblo de la provincia de Cádiz, en el que nací y donde mi padre había ejercido como agricultor. A los dos años nació mi pequeña, Marta, y en cuanto pude, volví a mi trabajo en el campo. Mi marido me traía a la niña para que le diera el pecho, cosa que en otros trabajos habría casi imposible.

En los pueblos pequeños tampoco nos lo ponen fácil ya que, por ejemplo, no hay guarderías privadas y la pública tiene pocas vacantes. Las mujeres tenemos poco poder de decisión al no estar involucradas en política ni asociaciones y con la casa, el trabajo y los niños nos queda poco tiempo al día. Además, en los pueblos la mentalidad es más tradicional tanto en hombres como en mujeres.

Cuéntanos cómo fueron tus comienzos en la explotación agraria

A mí no me lo pusieron fácil. He sido la primera mujer que se ha subido a un tractor en estas tierras. Algo impensable hace años, pero poco a poco, pasito a pasito, he ido demostrando que vengo con ganas de quedarme y apostar fuerte por el campo y me he ido ganando el respeto del resto de agricultores de la zona. Aprender el trabajo diario no es fácil, ya que hay pocos “maestros” que tengan la capacidad de enseñar. Además, la formación de organismos oficiales o privados prácticamente no existen.

Agricultora y ahora, defensora de las mujeres rurales gaditanas como Presidenta de AMFAR Cádiz ¿Qué retos te planteas?

En la zona de Bornos hay poco movimiento asociativo para la mujer rural, fundamentalmente por falta de tiempo de las mujeres. Cuando me ofrecieron el cargo de presidenta de AMFAR Cádiz me pareció mucha responsabilidad. Al principio, me asustó un poco: el campo, la oficina, la casa, la familia…, pero luego lo vi como un reto más en mi vida y decidí intentarlo. Espero, poco a poco, conseguir que las mujeres ocupen el lugar que les corresponde y puedan realizarse personal y profesionalmente, sin tener que renunciar a su maternidad. 




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