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La maternidad se retrasa cuatro años de media.
12/01/2010
Una de cada cuatro mujeres de 35 años no tendrá hijos
LA RAZÓN. La tasa de fecundidad sube a 1,5 hijos por mujer, pero la maternidad se ha retrasado cuatro años de media. El retraso de la maternidad ha obligado a muchas mujeres a recurrir a la reproducción asistida. La familia evoluciona a ritmo vertiginoso. Durante los años ochenta y primeros de los noventa, el descenso del número medio de hijos por mujer fue tan grande que en 1995 España se alzó con el dudoso título de ser el país con la fecundidad más baja a nivel mundial. Hoy, esa caída libre de la fecundidad se ha frenado. Si hasta hace poco hablábamos de 1,1 hijos por mujer, ahora la media de vástagos por española es de 1,5, un dato que nos sitúa a la misma altura de nuestros vecinos europeos, que registran tasas similares. Y no sólo eso, los inmigrantes que se instalan en España también «copian» el modelo de hogar con menos miembros. Así lo han constatado los demógrafos Daniel Devolder y Anna Cabré en el informe «Familias en Transformación», de la Fundación de las Cajas de Ahorro, que fue presentado ayer en Madrid. Las españolas han optado por la maternidad tardía, la han retrasado una media de cuatro años. Ahora los hijos se tienen a los 31-32 de media, y eso influye en una reducción del tamaño medio de hogar y en el aumento elevado de la infecundidad. De hecho El 25 por ciento de las jóvenes nacidas en 1974, ahora con 35 años, «no tendrán hijos». Dos son los motivos: «Problemas de infertilidad por el retraso de la edad a la hora de tener hijos y en parte, también, por la falta de una pareja adecuada». De ahí que sea cada vez mayor el número de mujeres que recurre a la reproducción asistida. Entre un 3 y un 4% de las mujeres que contaban entre 35 y 44 años en 2006 aseguraron en una encuesta haber utilizado tales técnicas para tener su primer hijo. Y el hecho de que en el periodo 2002-2007 los partos múltiples representaran el 18,3% del total (un 10% más que en 1980), indica el impacto que las intervenciones médicas tienen sobre la natalidad. Lo que está claro es que «el aumento del nivel educativo y de la participación en el mercado de trabajo han cambiado el panorama demográfico... Hay un incremento de la proporción de mujeres que tienen otras prioridades inmediatas que tener hijos». En cualquier caso, esta tendencia «parece irreversible y es poco probable que en el futuro se pueda producir un descenso de las edades de maternidad», añaden. El retraso a la hora de tener familia no es una cuestión que afecte sólo a España, se observa en toda Europa. El fenómeno se produjo antes que en nuestro país en Europa Central y del Norte, como Francia, Alemania o los países escandinavos, donde el aumento de la edad media para procrear empezó a principios de los años setenta. Las que tengan hijos en los tiempos actuales «los tendrán en un momento de su vida mucho más complejo que las generaciones anteriores, ya que a partir de los 30 años ya se ha realizado la incorporación completa al mercado de trabajo, lo que plantea los problemas de compatibilidad entre vida laboral y familiar». Los expertos plantean también otra cuestión interesante como es el hecho de que las mujeres con estudios superiores que trabajan apuestan por tener más familia. «Suelen estar casadas con personas con altos ingresos y resuelven sus problemas de conciliación comprando servicios. También tienen más hijos las que cuentan con bajos ingresos porque están empleadas a tiempo parcial o no trabajan. Tienen otros objetivos más importantes, como la familia, antes que desarrollar una carrera profesional», explica la socióloga Teresa Jurado. Seis cambios: 1/ Nuevos modelos: Los demógrafos creen que el retraso de la maternidad se enmarca dentro de un proceso que se asocia al uso de anticonceptivos y a pautas familiares nuevas. 2/ Menos conflictos: El grado de conflictividad intergeneracional entre progenitores y descendientes ha disminuido de forma apreciable en comparación con otras épocas. 3/ Menos autoridad: Los padres han perdido el poder que tenían de colocar o «enclasar» a sus hijos y de transmitirles su misma clase social. Por este motivo, han perdido autoridad moral. 4/ Mayores relegados: La sociedad ha perdido el respeto a la autoridad gerontocrática. Tendemos a relegar a los mayores a papeles marginales y a ningunearlos. 5/ Menos dependencia: Ahora dependemos menos de la herencia del patrimonio familiar y más de nuestros propios salarios. Nos vemos superiores a nuestros ascendientes. 6/ Más aceptación: Los comportamientos no tradiciona:es, como el divorcio, la cohabitación o la monoparentalidad están cada vez más aceptados en la sociedad española.
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