OPINIÓN AMFAR
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IV Foro de Mujeres Agroprofesionales
01/04/2021 MARIAN CORBí (Presidenta de AMFAR Valencia)

Jornadas como la del IV Foro de Mujeres Agroprofesionales que tuvo lugar durante el pasado mes de septiembre en Valencia, sirven para dar apoyo y visibilidad a las mujeres que formamos parte del mundo rural y que vivimos en los pueblos. Estos actos ayudan a poner en valor el trabajo y la responsabilidad de las personas que construyen el medio rural, y en especial el papel de la mujer en este ámbito, pero para ello es necesaria la intervención de las instituciones y las empresas del sector agrario, como piezas claves para lograr la igualdad agroalimentaria.

A lo largo de los años las mujeres han ido incorporándose muy poco a poco a ser propietarias y llevar adelante y gestionar empresas agrarias. Este escenario ha tardado mucho en llegar, pero desde hace aproximadamente dos décadas el número de mujeres que han apostado por la agricultura como medio de vida ha ido creciendo exponencialmente y es vital reconocer su valentía en foros como el que fue organizado en Valencia por Siete Agromarketing y ECA Comercio Agrario.

Asimismo, cabe recordar que todas aquellas mujeres que ocupan cargos de responsabilidad en entidades del sector son un referente para las demás mujeres que forman parte del medio rural. No podemos deslindar unas de las otras, tienen que ir juntas de la mano porque las instituciones tienen que escuchar a las personas que viven del campo para saber qué necesidades tienen y en función de lo que se solicita elaborar sus políticas.

Durante el encuentro se abordaron numerosas estrategias para lograr la igualdad entre hombres y mujeres en el sector agroalimentario, desde la comunicación, el uso de la imagen, la educación hasta la conciliación familiar y laboral. Pero, desde AVAMFAR nos hacemos siempre la misma pregunta: cómo podemos vivir dignamente del campo en los pueblos y cómo podemos hacer para que los jóvenes no se vayan. Ahí entra la dura realidad a la que se enfrentan las personas que viven en los pueblos, es decir, a la falta de rentabilidad, a los robos que siguen saliendo impunes, etc.

Todavía hoy las mujeres debemos enfrentarnos a trámites costosos para poder instalar una empresa. A los que se suma la precariedad de las comunicaciones en el medio rural, donde la conexión wifi es muy débil y en un presente en el que la administración pretende que te comuniques con ella de forma online.

Por ello, es realmente necesario que las instituciones, junto a las organizaciones del sector y la gente del medio rural trabajen para lograr revertir esta situación y conseguir que las personas que viven del campo reciban unos precios justos por sus productos. Solo cuando esto sea posible podremos creernos que podemos llegar a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

En este camino es también importante la implicación de Europa que es donde se crea la política agraria común y las normativas del sector. Europa no se cree que somos la agricultura del km 0 y sigue usando este sector primario como moneda de cambio con países terceros. Estamos todos los días denunciando la entrada de productos de países terceros con plagas y hundiendo los precios de los productos autóctonos. Las normativas complican cada vez los tratamientos en los campos para combatir plagas y enfermedades, y en Europa se olvidan que nuestro objetivo es ofrecer seguridad alimentaria y garantía alimentaria.

Afortunadamente, podemos ver que cada vez son más las mujeres que están haciéndose cargo de las explotaciones agrarias de su familia. Son mujeres formadas y preparadas, pero sobre todo tienen ilusión por lo que hacen. La ley de titularidad compartida no fue una buena solución y se deberían buscar alternativas porque es importante poner en valor y reconocer el papel de esas mujeres que han estado trabajando en la sombra y que ahora no pueden acceder a una jubilación digna. Fueron décadas de reivindicación desde AMFAR hasta que se hizo la ley, pero lamentablemente no iba acompañada de presupuesto ninguno, y las administraciones desconocían completamente cuál era la forma de tramitación, por lo que únicamente una minoría de mujeres ha accedido.

En este sentido, desde las organizaciones agrarias y asociaciones de mujeres rurales seguiremos formando e informando sobre todas las herramientas de las que disponen las mujeres para poder gestionar sus explotaciones y su futuro en el sector de forma innovadora y exitosa. Pero en este camino necesitamos del apoyo de la administración con políticas encaminadas a lograr unos precios justos en una actividad económica esencial para mantener vivos los pueblos y ofrecer productos de proximidad a la sociedad.

 

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Saber y ganar
01/07/2019 MARIAN CORBí (Presidenta de AMFAR Valencia)

En una sociedad tan exigente y competitiva como la actual, la victoria solo está al alcance de las personas que saben. La formación constituye, sin duda, una herramienta esencial a la hora de adquirir los últimos conocimientos disponibles y lograr así una gestión empresarial más eficiente. La agricultura y, en definitiva, cualquier actividad profesional que se desempeña en el medio rural, no suponen una excepción. Más bien todo lo contrario, pues llevar adelante una explotación agropecuaria o una empresa en un entorno rural, con las dificultades añadidas que este espacio acarrea, convierte a la formación y al conocimiento en un aliado no ya útil, sino absolutamente imprescindible.

 

Todos sabemos los problemas que azotan a los habitantes de nuestros pueblos. La crisis de precios de los productos agropecuarios (a los precios en origen me refiero, porque los que pagan los consumidores acaban siendo elevados), el difícil acceso al agua, los robos de cosechas o los daños que provocan las superpoblaciones de fauna salvaje son algunas de las principales causas que hay detrás de la falta de rentabilidad. En líneas generales, tampoco las administraciones están ayudando a mitigar esta dramática situación que desemboca en el envejecimiento de la población rural, la falta de relevo generacional, el abandono de campos –con el deterioro ambiental correspondiente– y el despoblamiento de la acertadamente denominada España Vaciada.

 

En este contexto plagado de obstáculos y desafíos, las mujeres tenemos mucho que decir y hacer para enderezar el rumbo de las empresas familiares y, con ello, fortalecer la vida social y económica del medio rural. Esa ardua misión, sin embargo, únicamente será posible cumplirla mediante una apuesta decidida y permanente por la formación, la innovación, la búsqueda de nuevas variedades y nichos de mercado, la diferenciación del producto local y el afianzamiento de canales de comercialización que permitan un precio justo.

 

Precisamente con el objeto de facilitar a las mujeres aquellos instrumentos que favorezcan un rendimiento empresarial óptimo y un valor añadido a sus producciones, desde la Asociación Valenciana de Mujeres y Familias del Ámbito Rural (AVAMFAR) estamos organizando todo tipo de actividades informativas y formativas dirigidas a este colectivo.

 

Por un lado, hemos comenzado una campaña de jornadas comarcales que lleva por título ‘El papel de la mujer agricultora en el siglo XXI: Todo lo que debo saber para gestionar mi explotación agraria-ganadera’ y que cuenta con la colaboración de la conselleria de Agricultura de la Generalitat Valenciana. Entre las conferencias incluidas en estos primeros encuentros se han abordado cuestiones relacionadas con la actualidad de los cultivos predominantes en cada zona, la fiscalidad específicamente agraria y la alimentación sana.

 

La formación destinada a las mujeres del sector, por otra parte, se está complementando a través de una campaña financiada por la conselleria de Agricultura, el Ministerio de Agricultura y el Programa de Desarrollo Rural (PDR) de la Unión Europea. A principios de junio un grupo de 40 mujeres realizamos un viaje profesional a Castilla-La Mancha para conocer el cultivo del pistacho con vistas a estudiar su posible implantación en la agricultura valenciana. Desde esta tribuna quiero agradecer la colaboración prestada a lo largo del viaje tanto por AMFAR como por las distintas empresas que nos abrieron sus puertas.

 

Todas estas actividades guardan, además, otra función no menos importante de reivindicar un mayor reconocimiento de las mujeres en el ámbito económico, social y medioambiental. El hecho de analizar los problemas y los retos de futuro del mundo rural, de debatir e intercambiar impresiones, nos da una oportunidad única para unirnos y poner en valor, en su justo valor, nuestro trabajo. 

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